"Caciques, Dinosaurios y Santones"
(Grijalbo, México, 2007)
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II.
Maximino Arriero del sistema
Al llegar a las puertas del cementerio de
Arlington, el general fue recibido con veintiún cañonazos que le tributaron las
baterías del ejército de los Estados Unidos, dispuestas ahí desde muy temprano.
Había elegido para la ocasión su uniforme al estilo de la armada, su blanca
casaca con botonadura paralela recalada en oro, el cuello cerrado embellecido
por dos laureles bermejos en brocado, y su alba montera con visera oscura,
rematada en el medio por la dorada efigie metálica de un águila mexicana
escrupulosamente perfilada.1
Aunque todos sus grados militares los había
ganado con las bridas en la mano o a fuerza de tinta y papel, aquella mañana
lucía ése uniforme como un almirante de todos los mares. Después de las salvas,
rodeado por dos compañías de infantería de Marina estadounidenses presentando
armas, depositó frente a la tumba, auxiliado por el embajador Francisco
Castillo Nájera, una corona de flores cruzada por una cinta con la inscripción:
El Ejército Mexicano y el general de división Maximino Ávila
Camacho, en homenaje al Soldado Desconocido de Norteamérica, con admiración y
respeto. 19 de abril de 1941.2
La filarmónica militar interpretó el Himno
Nacional Mexicano, y después, Dios salve a América. Lo acompañaba Wendell
Johnson, agregado militar designado por el Departamento de Guerra de los
Estados Unidos para la visita del general mexicano.
Johnson condujo al general Maximino y a su
séquito al Departamento de Guerra en Washington. Los autos fueron escoltados
por un pelotón de carros blindados
armados con ametralladoras y —cosa que causó mayor admiración al general3—
por un escuadrón de motociclistas de Fort Meyer, Virginia, hasta la sede, donde
fue recibido por Henri L. Stimson, secretario de Guerra de los Estados Unidos.
Después de la recepción oficial, el general
Maximino Ávila Camacho se presentó en los estudios de la National Broadcasting
Company (NBC), para lanzar en español una arenga sobre el panamericanismo.
Eran los tiempos de gloria del antiguo vendedor
de máquinas de cocer de la compañía Singer
en Puebla, que había oficiado como chícharo de notario, sospechoso de
participar en el cuartelazo contra Madero en 1913, acusado de la muerte de
numerosos enemigos, y quien no había encontrado satisfacción económica hasta
que su errática suerte militar se cruzó con la política.
Atrás había quedado la infancia miserable del
general, en la que apoyaba al negocio de su padre tirando de las riendas de las
mulas, con los pies descalzos sobre el barro de las veredas de la sierra, según
contaría décadas después con el gesto crispado por el mal sabor del recuerdo.4 Atrás, la angustiosa adolescencia marcada por
la incertidumbre económica de la familia. Lejos, el tortuoso ascenso por las
intrincadas redes de la política mexicana que, ahora, nada debía negarle, ni
siquiera su mayor anhelo: suceder en la presidencia de la República a su
hermano Manuel.
Maximino fue el mayor de nueve hijos procreados
por Manuel Ávila Castillo y Eufrocina Camacho Bello –María, Manuel, Miguel,
María Antonieta, Ana María, Rafael, Luis Gabriel y Eulogio-, nacido el 24 de
agosto de 1891 en Teziutlán, la segunda ciudad más poblada del estado en ese
entonces, enclavada en la Sierra Norte de Puebla, comarca montuna preñada de
yacimientos minerales en las colindancias con el estado de Veracruz.
Iniciaba la década final del siglo XIX, y en el
año de nacimiento del primogénito Ávila Camacho, el dictador Porfirio Díaz
había inaugurado la penitenciaría de Puebla. El estado era gobernado por Rosendo
Márquez.
No parecía muy
prometedor el futuro de los muchachos Ávila Camacho. Los emolumentos que don
Manuel Ávila Castillo obtenía para su numerosa progenie, primero de sus
actividades como caporal y administrador de algunos ranchos y haciendas, y después
de un negocio propio de arriería, eran insuficientes.
Pero alcanzaron, en los años finales del siglo
XIX, para que los varones mayores de la familia recibieran instrucción básica
en el Liceo Teziutleco, colegio que recibía lo mejor de la región, e incluso a
niños de las familias de colonias francesas e italianas de las tierras vecinas
de Veracruz.5
Entre otros distinguidos miembros de la
comunidad estudiantil del liceo se encontraba el pequeño Vicente Lombardo
Toledano, de próspera familia italiana, quien poco entendimiento tuvo desde un
principio con los hermanos Ávila Camacho, particularmente con Maximino, quien decidió
arreglar tal disentimiento trabándose a puñetazos con el italiano6,
pero el diferendo no fue zanjado con las frecuentes palizas, antes crecería en
intensidad con el paso de los años en la nada tersa arena política nacional.
No deja sorprender, dada la precariedad de su
situación, que los hijos mayores de doña Eufrocina formaran parte de las
generaciones del liceo, un auténtico privilegio.
<<Mi
niñez fue de pobre. Mi pueblo es testigo de cómo batí el lodo muchas
veces descalzo>>, solía contar Maximino cuando ya era un hombre de poder.7 Su
hermano Manuel relataba también que acompañaba a su padre en las diligencias de
la arriería, sobre todo a Martínez de la Torre, población de Veracruz, y con
tanta frecuencia, que se sentía más veracruzano que poblano.
Pero Gonzalo N. Santos sostenía que Maximino
exageraba cuando hablaba dramáticamente de su épica pobreza, pues al menos en
un principio, según él, <<los Ávila Camacho eran gente acomodada (...),
pero el más rico de Teziutlán era el padre de
Vicente Lombardo Toledano>>, don Vicenzo Lombardo Catti,
acaudalado empresario minero.
Lo cierto fue que la familia Ávila Camacho
enfrentó pruebas difíciles cuando los hijos mayores aún no llegaban a la
adolescencia, sobre todo después de 1898, una vez que el tendido de vías
férreas tocó el poblado.
La llegada del ferrocarril a Teziutlán redujo el
número de clientes de los arrieros. Pero lo más grave fue el accidente que
sufrió don Manuel Ávila Castillo en uno de sus viajes. Las consecuencias del
percance fueron minando su salud, hasta el punto de verse obligado a dejar el
negocio en manos de su esposa y sus hijos Maximino y Manuel, quien por entonces
había concluido sus estudios básicos en el liceo.8
La edad avanzada del padre de familia fue una
agravante más para su complicada salud que no recuperaría.9 En 1903, con doce años de edad, Maximino es el
encargado del sustento familiar, con serias dificultades para cumplir tamaña
encomienda. Las nociones de gramática y aritmética recibidas de los profesores
del liceo le serían útiles sin duda, aunque no de inmediato. En los años
siguientes Maximino sería <<arriero, vaquero de algunas haciendas, agente
de correos y hasta vendedor de máquinas de cocer Singer>>. Incluso
trabajaría para la compañía minera propiedad del padre de Lombardo Toledano.10
* * *
Fue en Puebla donde prendió la mecha
revolucionaria de 1910, cuando el 18 de noviembre fue atacada la casa
de la familia Serdán por las fuerzas federales porfiristas, dos días antes de
que se alzaran numerosos grupos en el país. Por entonces, el joven Maximino
Ávila Camacho acababa de cumplir dieciocho años de edad, un <<muchacho travieso,
inquieto, mordaz, sentimental a su modo y ante todo aventurero>>.11
Las actividades de todo orden fueron alteradas
por la sacudida revolucionaria en el estado, lo que complicó la situación
económica de la familia. En 1912, desesperado, Maximino escribe al presidente
Francisco I. Madero diversas misivas solicitando auxilio.
En la primera de ellas detalla su experiencia
como agente de la compañía Singer y sus habilidades para redactar en máquina de
escribir, experiencia que esgrime para reclamar un lugar en el que pueda servir
al gobierno. En otra ofrece al presidente sus asistencias para formar un cuerpo
de voluntarios al servicio de la nación. Otro mensaje escribe al mandatario
para pedirle le encomiende <<cualquier
comisión... aún en extremo peligrosa>>. Una carta más remite el
joven teziutleco a Madero, en la que se muestra resuelto a ingresar al Colegio
Militar, ya que “tenia verdaderos deseos de ser soldado”.12
(...) Allí (en el Colegio Militar), estudiaré gustoso como antes digo y
si mis servicios pudieran ser útiles antes de terminar, iré gustoso a prestar
mi contingente a favor del gobierno constituido y de mi patria. (...) Para
completo de mi desgracia, el día 17 del mes pasado acaba de fallecer un tío
mío, que era quien me apoyaba, y como al ingresar al Colegio no tendré manera
de trabajar (...) para cubrir mis gastos más indispensables, he tenido en
cuenta la bondad y nobleza que pueblan
su corazón, por lo que estimaría a usted grandemente toda mi vida, me dijese,
si no tendría inconveniente en ayudarme con una corta cantidad cada mes, pues
tengo un hermanito a quien forzosamente tengo que sostener y pagarle su
instrucción. (...) Ya comprenderá usted que mensualmente no necesitaré de una
gran cantidad, pues creo que con 30
o 35 pesos será lo suficiente para cubrir los gastos a que me refiero.
(...) Bastante agradecido por todo lo que en mi favor haga, quedo en
espera de sus gratas órdenes, y de usted, su más fiel admirador.13
Sólo dos días
más tarde comunica al presidente que prefiere la Escuela Militar de Aspirantes
en lugar del Colegio Militar, esperando la ayuda <<en la forma indicada,
dada la bondad y nobleza que lo caracteriza>>. Maximino obtuvo la
adscripción.
Dos meses después de la última misiva del joven,
que ya se había matriculado, el golpe huertista terminó con la vida de Madero.
Distintas fuentes sostienen que Maximino desertó tras la caída del gobierno
maderista. Otras aseguran que como aspirante se sumó a las fuerzas golpistas e
incluso apresó a unos agentes del diputado Gustavo A. Madero que trataban de
indagar la situación que imperaba en los cuarteles de Tacubaya la noche
anterior al magnicidio.14
Naturalmente, Maximino negó sistemáticamente
tales acusaciones.
El hecho es que reapareció en Puebla con las
fuerzas de Antonio Medina, jefe de la brigada Aquiles Serdán y subalterno de
Pablo González, a la que pronto pudo integrarse también su hermano Manuel,
quien contaba con 17 años de edad. Sumadas las baterías de Medina al carrancismo, Maximino se vinculó al
general Benjamín Hill, subordinado de Álvaro Obregón que entonces alineaba con
el constitucionalismo.
Durante la presidencia de Carranza, Hill fue
jefe de la guarnición militar de la ciudad de México, manteniendo a su lado a
su ayudante- consejero, el mayor Maximino Ávila Camacho, y en comisiones
menores a su hermano Manuel.
Tras la separación de Obregón del carrancismo,
surgida al calor de la sucesión presidencial de 1920, Hill se sumó al Plan de Agua Prieta que desconocía a Carranza, con su
lugarteniente teziutleco al lado. Muerto Venustiano Carranza, la presidencia de
la República estaba al alcance de la mano de Obregón. Hill volvió a encargarse
por unos meses de la guarnición capitalina, hasta la toma de posesión del
general sonorense como jefe de la nación. Maximino había ganado ya el grado de
coronel de caballería.
El primero de diciembre de 1920, el general Álvaro Obregón Salido tomó posesión de la presidencia de
México, y nombró al general Benjamín Hill como secretario de Guerra y Marina.
El horizonte político aparecía espléndido para Maximino, pues se desempeñaría
al lado de uno de los príncipes del mando público.
Sin embargo,
poco duraron sus ilusiones, pues apenas dos semanas más tarde, el 14 de
diciembre, cuando seguramente aun no terminaba de instalarse en sus nuevas
oficinas, el general sinaloense Benjamín G. Hill murió repentinamente, dejando
a su protegido teziutleco en una suerte de orfandad política.
El coronel padeció durante casi dos años la
exclusión de la burocracia política militar y de la partida oficial. A fin de
cuentas no era de aquellos avezados militares que disfrutaban de un ostracismo
confortable con base en el botín forjado en años de servicio, o gracias a las
concesiones económicas con que la Revolución comenzaba a compensar a sus hijos por
aguardar tranquilos un nuevo turno en la fila de las esperanzas políticas. El
coronel de caballería Maximino Ávila Camacho era un impaciente soldado de
treinta años con varios hechos de armas pero una carrera truncada y sin viso
aparente de darle continuidad.
En noviembre de 1921 recurrió una vez más a la
trinchera epistolar. Se dirigió al presidente Obregón para solicitarle alguna
comisión que le permitiera reingresar a la nómina de las arcas públicas, e
incluso pidió préstamos al gobierno para aliviar su ruina. Pero no fue sino en
octubre del año siguiente que el presidente atendió sus ruegos. Primero fue
asignado como Procurador de Pueblos en Michoacán, y después le fue encomendada
una comisión a las órdenes del secretario de Gobernación, Plutarco Elías
Calles, posición donde descubrió los preparativos de la rebelión delahuertista
en Veracruz, lo que le procuró las intrigas del general Guadalupe Sánchez, así
que Obregón lo reasignó en la secretaría
de Guerra y Marina, con la misma gradación. Tal era su precariedad, que ya
reinstalado apeló nuevamente a Obregón para obtener “un equipo completo de gala
y guarnición” pues no contaba “con los medios suficientes para hacer una gasto
semejante”.15 Le fueron concedidos quinientos pesos para sus
arreos militares, con los que adquirió un fino uniforme de paño compuesto de
casaca, dos pantalones, fornitura inglesa, y un par de botas y espuelas.
Ya en pleno servicio, tocó al coronel Maximino y
a su hermano Manuel combatir la rebelión delahuertista en Morelia, plaza en la
que terminaron imponiéndose las fuerzas sublevadas, mismas que ejecutaron a
diversos jefes federales por negarse a firmar una capitulación y el compromiso
para no combatir más la rebelión. Cuando tocó el turno a los coroneles Ávila
Camacho -según el testimonio de Samuel Santos, sublevado delahuertistas en
aquella hora-, Manuel comentó a su hermano mayor que se les presentaba una
“buena ocasión para morir con honor”, a lo que Maximino repuso: “Vamos juntos
al patíbulo, hermano, pero yo nunca firmaré ese papel”.16
No sólo salvaron la vida, sino que fueron
promovidos, por su lealtad al supremo gobierno, a generales de brigada.
Comenzó a picar con mayor fuerza en Maximino el
áspid de la política, un terreno en el que podría solucionar de manera definitiva
sus problemas financieros. Su suerte política tomó un rumbo menos errático que
el de su ascenso militar. Enviado a Chiapas en 1924, entró en conflicto con la
legislatura local, que lo acusaba de intromisión política. Fue reasignado al 58
regimiento de caballería en los territorios de Coahuila y Zacatecas, donde su
nueva tentativa por participar en asuntos locales provocó la protesta del
gobernador Félix Bañuelos ante el gobierno de Plutarco Elías Calles.
A despecho de los airados reclamos de los gobernadores,
el general era sostenido por el poder central, pues su entendimiento con el
secretario de Guerra y Marina callista, Joaquín Amaro, era creciente, y sus
servicios comenzaban a ser estimados en la elite militar.
Durante los años del conflicto religioso, el
general Maximino desplegó sus habilidades guerreras de manera más clara, pero
también su crueldad, como jefe de operaciones en Colima, Jalisco, Zacatecas y
Aguascalientes, coincidiendo con su hermano Manuel en algunas regiones de estos
estados en el combate a los alzados católicos.
En diciembre de 1926 las fuerzas del general
Maximino se impusieron a una partida de cristeros en Villa Hidalgo, Jalisco. En
Colima, en 1927, <<los generales Jesús Ferreira y Manuel Ávila Camacho
movilizaron sus fuerzas, que llegaron a Zapotitlán el 8 de febrero, saqueando
el pueblo e incendiándolo>>. En el mes de julio, <<el general
Maximino Ávila Camacho atacaba por sorpresa un campamento cristero en Telcruz,
cerca de Zapotitlán>>. En las incursiones a Zapotitlán, <<hubo
mujeres violadas y el templo fue profanado>>17
Fue por entonces que comenzó a forjar su leyenda
negra el hijo mayor de doña Eufrocina. Según testimonios de la época, el
general Maximino cometía atrocidades que revelaban <<su mal
corazón>>, e incluso festejaba
como una gracejada la cólera súbita de
un capitán de su tropa, Andrés Rábago, quien solía asesinar a aquellos que
osaban sostenerle la mirada y que por ese y otros méritos años más tarde sería
diputado.18
Pero algo más iba forjando. Las tentativas del
general por establecer alianzas con poderosos hacendados y rancheros a cambio
del amparo militar19, comenzaban a reportar beneficios de orden
diverso.
En 1929, recta final de la cristiada,
<<Maximino Ávila Camacho fue recibido en Aguascalientes con un gran
banquete y baile en la hacienda de Peñuelas, propiedad de Miguel Dosamantes
Rul>>.20
Y muy distinta debió ser su situación financiera
respecto de sólo siete años atrás, pues en una carta enviada al presidente
Elías Calles, le ofrecía como regalo <<un caballo excepcional, de sangre,
muy fino, muy ligero, muy bueno, muy manso y muy sano. (...) Mi hermano Eulogio
lo entregará a usted como está, esperando saber que, como lo deseo, sea de su
agrado>>.21
El reacomodo del tablero político causado por el
asesinato del presidente electo Álvaro Obregón le fue muy propicio para
consolidar su condición de hombre del sistema.
Tras el interinato de Emilio Portes Gil, Pascual
Ortiz Rubio fue nominado a la presidencia por capricho del hombre fuerte de
México, Plutarco Elías Calles. Ortiz Rubio era un hombre distante de las agrestes arenas
movedizas de la política entre generales, por lo que su postulación causó
resquemor entre varios militares que se creían con mayores méritos que el
advenedizo diplomático, y le procuraban burlas de toda clase al candidato. Pero
contaba el ingeniero Ortiz Rubio con la ductilidad necesaria para acatar las
instrucciones del Jefe Máximo, la prenda más apreciada por éste.
Por su parte, José Vasconcelos, secretario de Educación durante
el gobierno de Álvaro Obregón, contendió en oposición al régimen y se apoyaba
fundamentalmente en sectores universitarios.
La maquinaria oficial comenzó a funcionar. La
campaña vasconcelista fue acosada desde el poder con panfletos, amenazas, vigilancia
oficial, dispersión de mítines a ráfagas de ametralladora, secuestros,
atentados, y hasta asesinatos como el del estudiante Germán del Campo.
Tras los comicios, el régimen declaró presidente
electo a Pascual Ortiz Rubio. Vasconcelos llamó a la rebelión en Guaymas el
diez de diciembre y al cabo tuvo que salir del país. El cinco de febrero de 1930, tras rendir protesta como presidente de México ante el Congreso de la
Unión, Ortiz Rubio sufrió un atentado
del se que salió con vida milagrosamente, pues una bala le rozó el mentón.
El autor
del atentado, un potosino de nombre Daniel Flores, quien se dijo resentido por
el fraude del 17 de noviembre, era personaje absolutamente gris, como su
fallida víctima, y sus móviles no llegaron a definirse en el curso del dilatado
proceso.22
No obstante, la persecución contra los
opositores arreció en las semanas posteriores al atentado. Corrían versiones
escalofriantes sobre la cacería de seguidores de Vasconcelos en la capital del
país por parte de tropas federales y comenzó a sonar con insistencia el nombre
de un pueblo al sur de la ciudad de México, llamado Topilejo, como probable
escenario de una sangrienta masacre. Sin
embargo, durante varias semanas el asunto se tomó como una versión fantástica,
pues no había evidencia de la presunta represión.
Fue hasta los primeros días de marzo de 1930 que comenzaron a emerger las dimensiones de la carnicería, cuando cerca
del kilómetro 43 de la carretera México - Cuernavaca, <<en una loma
cercana al cerro del Tezontle, inmediato al pueblo de Topilejo, se encontraron
varios cadáveres con huellas de estrangulamiento. Transcurrieron los días y el
macabro descubrimiento fue en ascenso: eran casi cien los
estrangulados>>.23
Entre los ejecutados se identificó a los
generales León Ibarra, J. González Villa y Antonio Nava24,
secuestrados días atrás junto con otros vasconcelistas y llevados a la hacienda
de Narvarte, donde acantonaba el regimiento 51, al mando del general Maximino
Ávila Camacho.
* * *
El general había conocido años atrás a Pascual
Ortiz Rubio, cuando éste andaba en campaña por la gubernatura de Michoacán.
Habían establecido una relación más allá de los protocolos de la política, que
se trocó en franca amistad después de las elecciones presidenciales de 1929, y
no faltaron quienes asegurasen que Maximino era ahijado del ingeniero Ortiz
Rubio.25
Con base en el respaldo presidencial, el general
buscó fervientemente la candidatura del PNR al gobierno de Puebla en las
elecciones de 1933, aliado al diputado federal Gonzalo Bautista, ex alcalde de
la capital del estado, y al ingeniero Rubén Ortiz, quien buscaba la candidatura
a la representación poblana en el senado.
No solamente los unían sus ambiciones políticas
por controlar el estado, sino también la animadversión contra los hermanos Juan
y Leónides Adrew Almazán, gobernador saliente el segundo. Pero la del general
Maximino no era una malquerencia cualquiera, sino más bien un odio encendido,
pues los Almazán eran parte de la cuadrilla del italiano Vicente
Lombardo Toledano, con quien traía cuentas pendientes desde el siglo anterior.
En efecto, Juan Andrew Almazán, jefe de
operaciones militares en el estado de Puebla, había ordenado en diciembre de
1923 la aprehensión del gobernador Froylán C. Manjarrez, delahuertista, y puso
en la gubernatura a Lombardo Toledano, en calidad de interino. Se disponían
entonces a trabajar juntos, pero apenas una semana después fuerzas rebeldes
procedentes de Oaxaca atacaron la capital poblana con éxito, y les ordenaron
desalojar la plaza y el gobierno del estado, lo que fue cumplido puntualmente.
Sería el mismo presidente Obregón quien dirigiría la recuperación de Puebla
desde Tlaxcala, dos días antes de la Noche Buena. Almazán fue reinstalado como
jefe de operaciones y Lombardo regresó a la gubernatura, en donde se mantuvo
hasta el 30 de marzo, cuando ya no era sostenible ni él, ni
otros interinos que le sucedieron. Lombardo se ligó entonces a la Confederación
Obrera Revolucionaria (CROM), como miembro del comité central, y en 1927 se
involucró activamente en la reorganización de los trabajadores poblanos. Con
ese apoyo y el de su hermano Juan, Leónides Andrew Almazán obtuvo la
gubernatura en 1929.26
Por eso en 1932 Maximino y su grupo apostaron
todo por arrebatar el control del estado al clan Almazán – Lombardo. La
cercanía del general con el presidente era tal que le informaba constantemente
de los avances del proceso de sucesión. En abril le comunicó:
A todos mis amigos y correligionarios les
recomiendo trabajen por Rubén (Ortiz),
y que se organicen y se fomenten
(sic), para entrar listos a la lucha para la Gubernatura, así que pronto estaré
allá con usted para informarle de los últimos acontecimientos y para recibir
sus órdenes, sobre los lineamientos que deba seguir en Puebla.27
El gobernador Leónides Andrew Almazán, que se
oponía sobre todo a la postulación del callista José Mijares Palencia28,
trató de fortalecerse ofreciéndole al general Maximino su apoyo, a cambio de
algunas posiciones para personajes almazanistas.29 Era una
oportunidad de oro para los fines de Maximino, pues el apoyo del gobierno local
y el de la fuerza presidencial, aunque menguada, podría contener el ascenso de
Mijares. Pero más grande era su deseo de ver en la bancarrota política la
cuadrilla del grupo enemigo, así que rechazó la oferta y continuó con sus
gestiones proselitistas, mientras se aceleraba el debilitamiento de su
principal soporte político, el presidente Ortiz Rubio, lo que a su vez
presagiaba su propia derrota. El ex presidente Calles, que fungía como
secretario de Guerra y Marina, aunque era quien tenía en realidad el mando
político del país, decidió sacar de la geografía poblana a Maximino, y con ello
de la contienda.
En junio, cuando todo comenzaba a descomponerse para el protector y el protegido, el general escribió una carta desesperada a Ortiz Rubio, en la que no podía ocultar su furia por las pretensiones de Calles:
Acabo de
saber que montado en su macho cierto señor (...) insiste en mandarme de Jefe de
Guarnición a Guadalajara. Todo me huele a un prejuicio en mi contra, a buscarme
un postergamiento (sic). Yo me considero con derechos en la revolución (y por
tanto) insisto para que me ayude como me lo prometió.30
Pero ya no había rabieta que revirtiera el
sentido de los acontecimientos, pues Ortiz Rubio había perdido a esas alturas
la tolerancia de la elite militar revolucionaria que ya bastante paciencia le
había tenido, y sobre todo la de Calles, a quien la criada de le había salido
respondona, pues Ortiz había intentado arrinconar a los legisladores callistas.
Una parte de los ministros, generales adictos al Jefe Máximo, había renunciado
a sus carteras en enero y otra fracción lo haría en agosto, dejando la mayor
parte del gabinete con funcionarios sustitutos, poco antes de que don Pascual
rindiera su informe de gobierno en una atmósfera alterada, y al cabo del cual
terminaría por renunciar él mismo.
Mientras los ministros abandonaban al presidente, la diputación federal poblana otorgaba su apoyo a Mijares Palencia en su búsqueda por la gubernatura poblana, con lo que caía en pedazos muy grandes y estruendosos el cuadro magnífico en el que el general Maximino se veía pintado como mandatario de los poblanos, y en cambio, era enviado como jefe de operaciones militares a Querétaro, donde finalmente fue confinado.
* * *
Abelardo Rodríguez, constitucionalista de
primera hora, fue nombrado por el congreso como presidente de la República,
tercero del <<maximato>>,
como se denominó al predominio de Plutarco Elías Calles sobre la política
nacional.
Abelardo Rodríguez había entrado a la ciudad de México con la fuerzas del general Benjamín Hill, y más tarde se uniría al Plan de Agua Prieta. También había formado parte del gabinete de Ortiz Rubio. Cuando todo le parecía adverso al general Maximino, Rodríguez designó al michoacano Lázaro Cárdenas como secretario de Guerra y Marina, en enero de 1933. Manuel Ávila Camacho fue enviado como jefe de operaciones militares en Tabasco.
Desde 1919 las carreras de los hermanos se habían separado, y Manuel, el menor, había unido su destino al de Lázaro Cárdenas, si bien en algunos episodios, como la Guerra Cristera, los caminos de los Ávila Camacho se habían cruzado eventualmente. Ahora, ambos eran jefes de operaciones militares.
Y aunque se mantuvo en Querétaro durante casi dos años, las posibilidades de que el general Maximino viera cumplido su sueño de gobernar Puebla comenzaron a crecer cuando Lázaro Cárdenas fue postulado por el PNR en junio de 1933, apenas seis meses después de haber asumido la secretaría.
La toma de protesta como candidato presidencial se efectuó, precisamente, en Querétaro, en diciembre de 1933, y un año después, en diciembre de 1934, al asumir la presidencia, Cárdenas designó a Manuel Ávila Camacho como oficial mayor de la secretaría de Guerra y Marina, modificando así el destino político de los hermanos teziutlecos.
En 1935 Cárdenas se ha propuesto depurar de personajes callistas la nómina de los jefes militares estatales. En enero, como producto del reacomodo, el general Maximino Ávila Camacho es asignado a Puebla. Inmediatamente comienza a trabajar por su postulación. Para ello, empieza por aplicar un reglamento de su propia inspiración y redacción, con el fin de poner a sus órdenes las defensas rurales del estado, lo que le permitiría
(...) establecer alianzas con los usufructuarios
de esos organismos paramilitares, que a veces eran los hacendados y caciques de
algunas localidades de la entidad poblana. Tal como aconteció en los casos del
ex diputado federal Miguel Barbosa, amo y señor de la zona serrana del distrito
de Tehuacán, y del hacendado Rosendo Cortés, cacique de la sierra oriental de
Puebla, región de Chalchicomula, quienes fueron
visitados por Ávila Camacho para tratar todo lo referente a las defensas
rurales que se encontraban indirectamente bajo su férula. (...) Maximino
utilizó su puesto militar para negociar con los diversos grupos dominantes en
las regiones rurales de Puebla, a los que ofreció armar convenientemente a las
defensas rurales constituidas a cambio del apoyo político.31
No tardaron las protestas de organizaciones
obreras y campesinas, como la Federación Regional de Obreros y Campesinos
(FROC), filial poblana de la Confederación General de Obreros y Campesinos de
México (CGOCM), liderada por Vicente Lombardo Toledano, contra el jefe de operaciones militares en
Puebla, a quien acusaban de organizar guardias blancas al servicio de los
hacendados mientras se reprimía a los campesinos.
Azuzada por Lombardo, la FROC convocó en abril a una huelga general en el estado, misma que fue reprimida por el jefe de operaciones militares sin que el gobernador Mijares pudiera hacer nada.
Al mediar el año ya se especulaba fuertemente entre la clase política poblana sobre las grandes posibilidades del general para suceder a Mijares, pero se dio por hecho cuando el 7 de julio el presidente Cárdenas designó a Maximino para que inaugurara en su nombre y representación la carretera que llevaba de Limón a Teziutlán.32 Todo le era propicio.
Fue por entonces que el general robusteció su alianza con el legendario William Oscar Jenkins, un estadounidense llegado a México en 1901 a los 23 años de edad, que asentado en Puebla con su esposa Mary Street en 1904, consiguió un modesto empleo como mecánico de la fábrica textil La Corona. Sin abandonar esa ocupación, en 1905 fundó un taller de fabricación de pantimedias y calcetines. Sólo ocho años después de haber sido contratado como mecánico, Jenkins adquirió La Corona, y su incipiente taller de calcetines se había transformado en la fábrica textil Toledo. Para 1919 ya era cónsul de los Estados Unidos en Puebla, contaba con una fortuna que se estimaba en más de seis millones de pesos de los de entonces, y desempeñaba paralelamente el piadoso y productivo cargo de tesorero de la Iglesia Metodista en la capital del estado. En ese año, Jenkins fue presuntamente secuestrado por una gavilla de bandoleros afines a Manuel Peláez, quienes habrían pedido un rescate de 300 mil pesos por la preciosa vida del acaudalado diplomático y empresario. Una vez <<liberado>>, tras el supuesto pago parcial del rescate y firma de pagarés a favor de los secuestradores, Jenkins culpó del plagio al gobierno de Carranza y exigió la reposición del dinero, pues debía regresarlo a la caja de los metodistas, de donde, decía, había salido la cantidad para recuperar su libertad. Por toda respuesta el gobierno le fincó un juicio por haber planeado su propio secuestro, según se desprendió de diferentes evidencias, y Jenkins terminó bajo arresto domiciliario, hecho que causó indignación en ciertos círculos políticos de Washington que, azuzados por George Summermin, encargado de negocios en Distrito Federal, exigían al presidente Wilson el envío de una expedición militar a México para resolver el conflicto, según ellos, diplomático, y exigir las satisfacciones necesarias al gobierno mexicano. Pero el delito de Jenkins alcanzaba fianza, y una vez cubierta le fue levantado el arresto, aunque el juicio continuó hasta que ya en el gobierno de Obregón el proceso concluyó con un mexicanísimo carpetazo. Para cuando Maximino andaba en busca de la gubernatura por segunda vez, Jenkins era propietario de prácticamente todas las haciendas al sureste de la capital poblana hasta los límites con el estado de Morelos que reunían alrededor de 138 mil hectáreas. También era dueño de una mina de cantera en San Martín Alchichica, destilerías de alcohol, y del ingenio azucarero denominado Compañía Civil e Industrial Atencingo, una importante unidad agroindustrial que incluía, entre tierras propias y arrendadas, alrededor de 15 mil hectáreas de riego, a la que estaban incorporadas aguas y terrenos de algunos pueblos y barrios completos. Constantemente sostenía diputas con pueblos y ejidos por el derecho a las aguas de riego, que había monopolizado al punto que obtuvo permisos oficiales para hacer reparaciones y ampliaciones de la red hidráulica a su entera satisfacción. A cambio de agua y tierras, Jenkins acordaba con campesinos de los pueblos que usufructuaba la construcción de escuelas o el remozamiento de templos católicos, y para apaciguar los ánimos de aquellas comunidades que no aceptaban los convenios, el empresario mantenía en su nómina a grupos de pistoleros a sueldo y hasta a agentes policíacos. Se decía que buena parte de la riqueza fantástica del cónsul había sido producto de la venta del alcohol que salía de Atencingo rumbo a Los Ángeles, Chicago, Nueva Orleáns, Nueva York y otras ciudades de los Estados Unidos durante la prohibición impuesta en su país de origen por la Ley Bondested.33
Muy rápido se entendieron el cónsul y el jefe de operaciones militares. Para Maximino, Jenkins significaba la cobertura económica para su ascenso político. Para Jenkins, el ascenso político de Maximino representaba la estabilidad de sus prósperos negocios.
Contaba también el general con el apoyo –-como en 1933— del diputado Gonzalo Bautista Castillo, líder de la mayoría de los diputados locales, y del jefe estatal del PNR, su hermano, Rafael Ávila Camacho, al cual había impulsado para llegar a esa posición. El Diario de Puebla había nacido con la tarea específica de impulsar su carrera por la gubernartura.
Los conflictos laborales se multiplicaron, principalmente por la disputa entre la FROC y la CROM por el control de obreros y campesinos en el estado, riña que se fusionó a la lucha preelectoral, complicando así las expectativas del general Maximino. La FROC promovió ante el presidente Cárdenas el traslado del general a otra plaza militar donde no pudiera usar sus atribuciones castrenses con fines políticos, y atacó a la diputación local liderada por Bautista de apoyar a un candidato que favorecía a los hacendados en contra de los intereses de los campesinos organizados, pero curiosamente fueron los comisariados ejidales de distintas regiones del estado quienes salieron en defensa del general, evidentemente controlados por la red establecida por el propio Maximino, lo que bastó, sin embargo, para desactivar ese frente.
Pero Maximino no iba a quedarse a expensas de la caprichosa fortuna que en 1933 lo había llevado a Querétaro. Así que en septiembre envió un telegrama al presidente Cárdenas en el que renunciaba a la jefatura militar:
En virtud de la agitación política que ha venido
desarrollando en estos últimos días y tomando en consideración que por
unanimidad todos los sectores sociales de éste estado se han fijado en mí para
figurar como precandidato a la gubernatura (...) me veo en el caso de
suplicarle (...) me haga favor de relevarme, a no tener inconveniente, del
mando con que me ha honrado.34
En octubre, Manuel Ávila Camacho fue designado
secretario de Guerra y Marina por el presidente Cárdenas, lo que fue tomado por
la Confederación Campesina Emiliano Zapata de Puebla como banderazo de salida,
así que sus miembros postularon públicamente al general Maximino para la
gubernatura, que se disputaría en 1936. La CROM, bajo el control de Luis N.
Morones, también dio su apoyo al general.
A esas alturas estaban despejados varios de los obstáculos en la marcha del general hacia la gubernatura, pero en noviembre la Alianza Revolucionaria de Obreros y Campesinos del estado de Puebla, extensión de la FROC, salió con el cuento de que su candidato era Gilberto Bosques, diputado federal y secretario de Gobierno en Puebla en los años veintes, ahora aliado al ex gobernador Leonides Andrew Almazán, quien buscaba un escaño senatorial, ambos con el apoyo de Vicente Lombardo Toledano.
A inicios de 1936, Lombardo encabezó una escisión de la CROM, que pronto se separaría de esa central para sumarse a la Confederación de Trabajadores de México (CTM), organización que dirigió. Así que su apoyo electoral a Bosques era también en contra de Morones.
El plebiscito para elegir candidato sería el 5 de abril. En marzo el dirigente de la FROC Juan Salamanca se quejó ante el presidente Cárdenas del general Maximino, pues sus partidarios habían balaceado la sede de esa organización al grito de ¡Viva Ávila Camacho!. Los maxiministas contraatacaron desaforando al diputado bosquista Juan L. Cardona, acusado del homicidio de tres regidores del ayuntamiento de Huauchinango, por lo que fue expulsado del PNR y condenado a veinte años de prisión; otro diputado bosquista, Luis C. Manjarrez, también fue desaforado. Maximino se quejó ante el presidente Cárdenas de que Blas Chumacero, candidato a diputado por el segundo distrito, y Lombardo, tenían preparados en la víspera de la elección setenta camiones para trasladar contingentes de ese distrito a la capital poblana. A su vez, a Maximino le imputaban pretender llevar grupos del Distrito Federal, Veracruz y Tlaxcala. El 30 de abril el comité nacional del partido dio su veredicto: Maximino Ávila Camacho resultó candidato a Gobernador. Su comparsa, Gonzalo Bautista, fue postulado al senado, así como 11 candidatos a diputados maxiministas, y cuatro bosquistas. Más de 30 mil miembros de la FROC marcharon hacia la ciudad de México para protestar por el fraude, pero no consiguieron respuesta del presidente Cárdenas, sino del Centro Patronal de Puebla, que dio por terminados todos los contratos laborales con esa organización.35
* * *
Tenía cuarenta y cinco años el 1° de febrero de
1937, cuando asumió la gubernatura del estado de Puebla frente al congreso
local. Cumplía con ello el sueño que casi diez años atrás le desvelaba:
insertarse en la elite política nacional.
No era sólo una meta, sino la más grande oportunidad de su vida, de modo que no perdería tiempo.
Desde los años del gobierno de Leónides Almazán, el estado de Puebla era presa de gavillas de bandoleros, amos y señores de caminos y brechas solitarias, amenaza de pueblos y ciudades. Muchos de los asaltantes constituían el residuo de los años de la lucha armada que habían sido excluidos o eran irredentos insubordinados a cualquier autoridad.
Así que el general Maximino emprendió una auténtica campaña militar para perseguir y someter a los grupos de bandoleros, y <<después de la feroz cacería, fueron capturados o murieron en la refriega los principales cabecillas y el gobernador pudo declarar que la tranquilidad había vuelto a la entidad>>.36
Por si quedara alguno, implementó una estricta campaña de despistolización que, fuera de los cuerpos oficiales, dejó en las defensas rurales afines a su gobierno el privilegio del manejo de armas de fuego. Para mantener el orden en las ciudades nombró a su hermano, Gabriel Ávila Camacho, inspector general de la Policía del estado.
Fiero persecutor de los católicos en su etapa de ascenso militar, el gobernador se apresuró a declararse católico.
Todos los
colegios que habían sido clausurados fueron reabiertos y devueltos al clero
(...) y permitió que las órdenes religiosas volvieran a desempeñar labores
educativas. Todos los sacerdotes que habían sido expulsados del estado pudieron
volver y el gobernador se hizo de la vista gorda con las disposiciones más
rígidas en materia de culto, como la prohibición de las procesiones o de que
los religiosos pudieran salir a la calle con hábitos.37
Mantuvo
en la dirección estatal del PNR a su hermano Rafael, que más tarde le daría
problemas cuando éste intentó sin éxito ser candidato a la alcaldía de la
capital estatal en contra de los planes del gobernador. El congreso se plegó
desde un principio a la voluntad del mandatario con el experto Bautista a la
cabeza.
En su departamento de Gobernación creó una cuadrilla de agentes gubernamentales que envió a todos los municipios del estado para supervisar los procesos electorales. Sustituyó autoridades municipales ahí donde los poderes caciquiles regionales y locales pretendían sostener sus fueros sin la bendición del gobernador. En cambio aquellos que le eran leales eran integrados generosamente a su pirámide de poder. Cuando el gobierno de Cárdenas impulsó reformas para dotar de mayor autonomía a los municipios en detrimento del poder de los gobernadores, Maximino <<unificó a la política local en el llamado pacto de honor de 1939, por medio del cual se comprometió a constituir un grupo político cerrado y evitar la injerencia de personas ajenas al estado en sus asuntos políticos>>.38
En su departamento de Gobernación creó una cuadrilla de agentes gubernamentales que envió a todos los municipios del estado para supervisar los procesos electorales. Sustituyó autoridades municipales ahí donde los poderes caciquiles regionales y locales pretendían sostener sus fueros sin la bendición del gobernador. En cambio aquellos que le eran leales eran integrados generosamente a su pirámide de poder. Cuando el gobierno de Cárdenas impulsó reformas para dotar de mayor autonomía a los municipios en detrimento del poder de los gobernadores, Maximino <<unificó a la política local en el llamado pacto de honor de 1939, por medio del cual se comprometió a constituir un grupo político cerrado y evitar la injerencia de personas ajenas al estado en sus asuntos políticos>>.38
El campo quedó controlado por dos brazos: La
Comisión Agraria Mixta, encargada del reparto de tierras, dependiente del
Departamento Agrario del gobierno del estado, y la Liga de Comunidades Agrarias
y Sindicatos Campesinos del estado de Puebla, creada bajo el patrocinio del gobernador,
y compuesta por comités regionales, que a su vez se conformaba por los
comisariados ejidales.
El presidente Cárdenas había pretendido
concentrar la facultad del reparto de tierras en gobierno federal, pero
Maximino se opuso tenazmente y se salió con la suya. Cuando se promovió la
repartición del inmenso latifundio de Jenkins en Atencingo, su amigo el
gobernador diseñó una expropiación sobre medidas:
Maximino
logró que Jenkins siguiera como propietario del ingenio y que las tierras se
repartieran entre los peones de la hacienda, los cuales ya habían sido
organizados y aleccionados por el ex cónsul con la asesoría de Blas Chumacero.
Así, aunque Jenkins no aparecía formalmente como el propietario, era el
beneficiario directo de la producción generada por el sistema cooperativo
creado bajo su amparo. (...) Generó el descontento de masas campesinas
circunvecinas al ingenio de Atencingo, que habían luchado por lograr el
reparto, por lo que procedieron a invadir las tierras del ingenio (...). Ante
ésta incursión, el gobierno poblano ordenó a la fuerza federal y a la policía
poblana que desalojaran y reprimieran, junto con los pistoleros de Jenikins, a
los campesinos invasores.39
Las protestas cesaron y el campo quedó bajo
control. El gobernador logró incluso la que las tierras de la familia Ávila
Camacho quedaran fuera de los designios del reparto agrario, como lo denunció
oportunamente el siempre atento Lombardo.
El frente más complicado fue el de las
organizaciones sindicales. Contaba con el apoyo de la CROM de Morones y tenía
en contra a la poderosa FROC --filial de la CTM de Lombardo en Puebla--, que
había demostrado no ser presa fácil para ningún gobernante.
El gobernador comenzó por modificar la
composición de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje <<para
favorecer a la CROM, nombrando representante del gobierno en esa instancia al
joven abogado Gustavo Díaz Ordaz, férreo opositor de la FROC>>. CROM y
FROC protagonizaron históricas reyertas con sus respectivas cuotas de sangre.
Maximino recomendaba al abogado de Chalchicomula, quien tuvo poder creciente en
su administración, repartir armas y parque a ambos bandos para que se acabaran
todos, pues de fondo despreciaba el movimiento obrero y más aún sus rojinegros
<<trapos inmundos>>. Díaz Ordaz prodigó registros a sindicatos
blancos, como el que legalizó a la Confederación Revolucionaria de Obreros y
Campesinos del estado de Puebla, creada entre miembros de la FROC. A ésta
organización, por si le quedaran arrestos, le contrapuso a la Federación de Trabajadores
de Puebla de Blas Chumacero y Francisco Márquez, quienes habían cedido a la
persuasión de Maximino abandonando las filas de Lombardo, pero no las de la
CTM, pues congeniaban con Fidel
Velásquez, miembro del comité central cetemista. Cuando el Sindicato de
Maestros Revolucionarios Socialistas del Estado de Puebla, filial de la FROC,
amenazó con huelga general como respuesta a la orden oficial de reubicar al
profesorado de la capital poblana en otras regiones del estado, el gobernador
negoció, persuadió, finalmente consiguió dividirlos y propició la creación de
la Federación de Maestros del Estado de Puebla, que le sería fiel. Al cabo, lo
que quedaba de la FROC se dividió y en esas condiciones continuó hasta que el
gobernador pudo declarar satisfecho que en el estado de Puebla había “huelga de
huelgas”.40
El sector empresarial dobló rápidamente las
manos cuando el gobernador amenazó con aumentar impuestos, y en adelante
sería particularmente protegido por el
gobierno del general, pues les ofreció todas las garantías de la ley y la
autoridad, y fue correspondido con el apoyo de la filial poblana de la Cámara
Nacional de Comercio e Industria.
Su amigo Jenkins recibió un trato especial. Se
había asociado en 1931 a Manuel Espinosa Yglesias, posterior director de
Bancomer, para construir y adquirir salas de exhibición cinematográfica en el
estado, que con los años se expandió a otras zonas del país, y se convirtió en
la Compañía Operadora de Teatros que controlaba, al finalizar la década de los
cuarentas, el 80 por ciento de las salas de proyección del país.
De esa empresa también sería socio el gobernador Maximino, y más tarde, Gabriel
Alarcón.41
El estado de Puebla se había caracterizado por
ser asiento de una gran actividad industrial textil desde el siglo XIX, pero,
como en el caso del cine, durante el gobierno de Maximino las inversiones se
diversificaron. Surgió, por ejemplo, la planta ensambladora de automóviles
Packard, con capital de Rómulo O´Farril Silva, pariente político del senador Gonzalo
Bautista, quien había casado con María O´Farril.
Al inaugurar el establecimiento, en 1939, Rómulo
O´Farril agradeció <<el apoyo decidido (...) de don Maximino Ávila
Camacho, quien me brindó todas las facilidades y ayuda sin límites”.42
Seguramente Maximino también obtuvo facilidades,
de crédito, de la empresa automotriz, pues tuvo varios vehículos Packard en
adelante, o es que eran obsequios de la ensambladora, pues en esos años, y
todavía muchas décadas después, era moneda corriente que los empresarios del
ramo obsequiaran con flamantes vehículos a los gobernantes y hasta al
presidente de México. Y es que ya no era
un soldado impaciente en espera de las dádivas del sistema, sino el amo y señor
del estado de Puebla, hermano de uno de los ministros más cercanos al
presidente Cárdenas, por tanto miembro distinguido de la llamada familia
revolucionaria, con influencia más allá de su estado.
Su alma gemela
en la política mexicana de entonces, Gonzalo N. Santos, afirmaba: <<En
Puebla, el mando lo tenía el gobernador del estado, general de división
Maximino Ávila Camacho, digo el mando y
no el gobierno, porque mandaba en la zona militar, en la jefatura de
Hacienda, en los telégrafos, en el correo, en la superintendencia de los
ferrocarriles y en el episcopado, algo parecido a lo que pasó conmigo años más
tarde cuando me hice cargo del mando del estado de San Luis Potosí>>.43
* * *
El ejercicio del poder sin más límites que la
torpeza política había transformado al arriero de Teziutlán. Según contaba el
sastre de Maximino en la capital del país:
Llegaba el
general en su Packard negro, inmenso, y se estacionaba enfrente. (...) Lo
flanqueaban varios pistoleros. En el coche venía una mujer, era la rejoneadora
Conchita Cintrón. El general ponía su pistola en el probador (estorbaba para la
prueba) y luego, con el dedo índice, recorría todos los cortes ingleses de la
sastrería. “Quiero un traje gris, uno claro, otro oscuro, de rayitas, de
mascota, desde aquél, hasta éste”. Podían ser diez trajes a la vez. Cuando se
los probaba, me abrazaba diciéndome: “Pídame lo que sea, maestro, una
gasolinería, por ejemplo”.44
Conchita Cintrón, conocida como <<la diosa
rubia del toreo>>, debutó en agosto de 1939 en el Toreo de la Condesa de
la ciudad de México, propiedad del gobernador poblano, que la cortejó
incesantemente por un buen tiempo, aunque no pudo esclarecerse si finalmente
había conseguido compartir las candilejas del amor con la rejoneadora chilena
de 17 años de edad.
Desde los tiempos en que habían comenzado a despejarse
las dificultades para que accediera a la gubernatura, se separó de Natalia
Binger, su primera esposa, y celebró nupcias con Margarita Richardi. Pero sus
bríos viriles buscaban incesantemente amoríos extramaritales.
Era muy conocida su debilidad por las mas bellas
mujeres del espectáculo, aunque no
siempre corría con suerte. Por ejemplo buscaba insistentemente a una corista
del Teatro Ideal, llamada Carmen Guillén, que era novia del actor Miguel
Manzano, y al parecer no consiguió impresionarla con sus habituales despliegues
de poder. También pretendió, según referencia de Roberto Blanco Moheno, a la
actriz Rosa Carmina, mujer del cineasta Juan Orol, sin conseguir sus
propósitos.
En cambio si contó con los encantos de
Concepción Martínez, bailarina de flamenco de éxito en México, cuyo marido
<<había dado algunas muestras de “incomprensión”>>, por lo que
<<Maximino le había mandado dar una paliza y lo expulsó del país quedándose con la guapa
española>>.
<<Creo
que Trini era la única mujer a quien Maximino respetaba>>, rememoraba
Gonzalo N. Santos refiriéndose a la secretaria del poblano, <<una mujer
en sus primeros treinta y tantos años, muy agradable, muy simpática, muy
inteligente y muy capaz. (...)>>.45
Fuera de ella,
el general Maximino no se detenía ante los encantos de ninguna mujer que le
gustara.
Su afición a los toros y al mundo taurino en
general era muy conocida, y creció después de que adquiriera el Toreo de la
Condesa, al punto que circuló la leyenda improbable –que le complacía— de que en su juventud había intentado
estudiar para novillero en España, pues esa era su vocación verdadera y no la
política. Emprendió la cría de reses bravas en su rancho de La Soledad, pero su
ganadería no siempre tuvo éxito, pues algunos cronistas taurinos de la época
recuerdan cómo una tarde de 1940 uno de aquellos toros resultó más manso que un
cordero en el coso de su propiedad, y fue sepultado por los cojines que
aventaban al ruedo los aficionados.
Durante la campaña de su hermano Manuel a la
presidencia daría una exhibición en la capital poblana, <<se abrieron las
puertas de los toriles y avanzaron, montados en dos soberbios caballos árabes y
vestidos a la andaluza, el general Maximino
y quien fuera el coloso del toreo en todo el mundo taurino, Rodolfo Gaona.
(...) Pararon sus caballos frente al palco de honor, saludando al candidato, lo
que provocó una larga ovación, dieron vueltas al ruedo, luego el clarín tocó la
llamada para que saliera el toro. Gaona salió y Maximino se fajó rejoneando el
toro, lo que hizo perfectamente mal, pues era muy de a caballo pero no sabía
rejonear>>.46
En el coso de la Condesa, Maximino decidía
muchas veces por encima del juez de plaza. Alguna tarde el torero Lorenzo
Garza, llamado “Ave de las tempestades” por su desempeño irregular y su
carácter brioso que propiciaba algunas veces que las corridas terminaran en
bronca generalizada, había tenido una actuación desastrosa durante el primer
tercio del encierro. La turba insultaba desde las graderías al diestro y era
correspondida por el matador entre lance y lance, hasta que el griterío se
volvió insoportable. Entonces, el general Maximino que se encontraba en la
plaza, multó al <<ave>> con diez mil pesos por tan escandalosos
fiasco.
En correspondencia, al iniciar el tercio final
de la corrida, el matador regiomontano se aproximó al lugar donde se encontraba
el general, ocasionando un gran silencio expectante del público, pues no era
improbable que fuese a solicitar absolución. Su intención era brindarle el
toro.
General, va por usted y por la mujer que lo
acompaña, que antes de ser suya, fue primeramente mía. Que los diez mil pesos
que injustamente me impuso de multa sean para darle un regalo a ella, porque el
mío es un dinero honrado, ganado con los sustos y la sangre de mi profesión.47
El general dio un grito de fiera que fue
acallado por la turba que celebraba el brindis del torero con la misma rabia
con que minutos atrás lo había insultado, y Garza dio entonces una exhibición
virtuosa digna de las páginas de oro de la historia de la tauromaquia. Aquello
terminó con febriles manifestaciones de júbilo para el matador, mientras que el
general tuvo que respetar el reconocimiento del público y perdonar la ofensa
del diestro, pues no había soberanía que le inspirara más respeto que la
manifestada por una buena afición en los tendidos de una plaza, quizá ni la del
Congreso del estado de Puebla.
* * *
El general Maximino Ávila Camacho había
extendido su influencia y poder más allá de la geografía poblana. Se le
reconocía ascendencia sobre el gobernador de Hidalgo, Javier Rojo Gómez, y a
éste, a su vez, sobre los mandatarios Noradino Rubio, de Querétaro, y Wenceslao
Labra, del estado de México, por lo que a todos se les veía como gente de
Maximino.48 En Tlaxcala, el gobernador Isidro Candia no
sólo le era afín, sino que estaba en deuda con él, pues sólo con su ayuda había
podido dominar la política sindical tlaxcalteca.49 Elpidio Perdomo, mandatario de Morelos, también
era de sus frondas.
Así que cuando las primeras aguas sucesorias
comenzaron a moverse a finales de 1938, el general Maximino ya contaba con
un sindicato de gobernadores. Dos años
atrás habían conformado la formalmente llamada Junta de gobernadores, y en 1937
disputaron con muy buen margen de éxito las nominaciones para la renovación del
Congreso federal. Esos triunfos atizaron las ambiciones del grupo y entre ellos
comenzaron verle cara de presidente a Maximino, sin que el espejo le dijera
otra cosa al general. Cuando prendió la
rebelión cedillista, auspiciada por intereses extranjeros afectados por la
expropiación petrolera, contra el presidente Cárdenas, algunos medios poblanos
subvencionados por el gobernador, como el Diario de Puebla, difundieron la
especie de que Maximino relevaría al Michoacano.50
Naturalmente se trataba de un gazapo, pero
mostraba así el rumbo que aquella junta pretendía seguir. No era la primera ni
la última vez que Maximino echaría mano de la prensa subordinada a su poder
para orientar las aguas públicas a su molino.
El presidente Cárdenas venía fustigando las
actividades futuristas desde 1937 en sus informes anuales, desatadas sobre todo
en las cámaras <<con una impaciencia reveladora de ambición>>.
Regañaba también aquellas organizaciones obreras que <<ponen sus recursos al
servicio de la política>>. En su informe de 1938, tras reiterar que no
deseaba involucrarse <<ni directa ni indirectamente>> en el proceso
sucesorio, sugirió <<tanto a los ciudadanos en general, como a los
representantes federales y locales y a las agrupaciones organizadas con
distintas tendencias sociales, que aun en el caso de festinar las actividades
electorales, se abstengan de iniciarlas tomando como bandera a las
personas".51
En la discreta penumbra de palacio, el
presidente Cárdenas era mucho más directo. Así que alrededor de diciembre de
1938 mandó llamar a los senadores que andaban promoviendo sus respectivos
candidatos y trató de contenerlos con la amenaza de destituir a los ministros
que más simpatías convocaban: Francisco J. Múgica, de Comunicaciones; Rafael Sánchez
Tapia, de Industria y Comercio, y Manuel Ávila Camacho, de Guerra y Marina.
“Nos retiramos con el ánimo de no hacerle caso”,
recordaba Santos años después, que encabezaba a los seguidores de don Manuel,
su compadre de dicho desde hacía unas semanas, y junto con sus
<<doce apóstoles>>, como llamaba al grupo, se trasladó a Puebla
para pedir al gobernador Maximino, quien los invitó a comer, que usara su
influencia con los gobernadores para impulsar la candidatura del secretario de
Defensa.
Cuando los senadores se sentaron a la mesa con
Maximino, que tenía tiempo dándole vuelo a sus ilusiones presidenciales, no le
hizo mucha gracia que le pidieran apoyo para su hermano Manuel. Según el relato
que sobre aquél encuentro hizo Santos décadas después, el general enrojeció de
furia y conforme soltaba un rosario de improperios más se enardecía:
--¡Eso no puede ser! ¿Mi hermano
Manuel candidato a la presidencia de la República? Nunca ha sido ni siquiera regidor de Teziutlán, ni se ha asomado en su
vida a ningún partido político ni tiene experiencia ni prestigio (...). Eso me
corresponde a mí, yo soy el mayor de la familia, a todos los he formado desde
niños, a Manuel lo hacía jinetear un burro bronco y le regalaba una peseta.
Manuel es un bistec con ojos y yo soy el gobernador de un estado tan importante
como lo es Puebla que antes era un nido de alacranes y ahora lo tengo
perfectamente controlado, aquí no hay más voz que la mía. A Manuel lo hice
soldado cuando yo ya tenía años de militar. Yo me dirigiré a los gobernadores
para que los atiendan a ustedes, pero en el sentido de mi candidatura>>.52
Luego acusó a
Santos, su gran amigo con el que había compartido la afición de cazar
vasconcelistas en la campaña de Ortiz Rubio, de conducir la
<<maniobra>>, y a Gonzalo Bautista, senador por Puebla, que se
encontraba en el grupo, le gritó: <<Y a ti mereces que te cape yo
mismo>>.
Bautista,
aunque pálido, y Santos, más sereno, le hicieron ver que numerosos jefes
militares estaban apoyando a su hermano Manuel. Santos concluyó: <<Si con
Mújica entraría el país a un periodo de
Anarquía, con el Iscariote de (Juan Andrew) Almazán lo perderíamos todo, pues
nos vendería a los Estados Unidos desde el Bravo hasta el Suchiate, desde el Atlántico
al Pacífico>>. Hablaron calmados varios senadores: Ezequiel Padilla,
Vicente Veneitias, González Gallo.
Muchos fueron
los argumentos a favor de su hermano Manuel, pero fue el nombre de Almazán en
la lista de aspirantes el que seguramente pesó más en el ánimo de Maximino,
pues no podía dejar de vincularlo con Vicente Lombardo, además de ser ya su
consumado enemigo. No había bastado el patio del Liceo Teziutleco ni la
política poblana para saldar las cuentas con aquella cuadrilla, de modo
que la lucha por la presidencia sería la última instancia en la que midieran
sus fuerzas. Al cabo de la prolongada sobremesa terminó por ofrecer al grupo su
apoyo sincero: <<Cuenten conmigo, y desde luego voy a empezar a trabajar
a los gobernadores, empezando con Rojo Gómez de Hidalgo y con Labra del estado
de México (...) Con franqueza, cuenten ustedes conmigo>>.
De cualquier
modo, la candidatura de Manuel Ávila
Camacho confirmó la influencia del general Maximino en la política nacional. En
1939 el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), nombre adoptado por el PNR,
lanzó la nominación. En su mensaje de
septiembre, el presidente Cárdenas había advertido: <<Es preciso cuidar que la
elección que se aproxima sea democrática, sea libre y represente tal suma de
garantías que el resultado del sufragio sea la genuina expresión de la voluntad
popular. (...) A los elementos revolucionarios... va mi llamado a su
responsabilidad, a su desinterés, y a su lealtad... Del Ejército Nacional,
respondo de su serenidad y prudencia...".53
Juan Andrew Almazán
abandonó las filas oficiales y se fue por la libre, postulado por el Partido
Revolucionario de Unificación Nacional.
Durante la campaña murió
la madre de los Ávila Camacho, doña Eufrocina. Un enorme cortejo salió de la
capital poblana hacia Teziutlán, acompañando a los poderosos deudos a la misa
de cuerpo presente. El candidato opositor, Juan Andrew Almazán declaró por entonces que Manuel Ávila
Camacho había acompañado el cortejo hasta la iglesia para procurarse simpatía
de los católicos. El candidato del PRM enfureció y dijo que iría a golpear la
cara de Almazán <<aunque me cueste la presidencia>>. Maximino
repuso que lo buscaría él, <<pero para ametrallarlo>>. Santos, que
en sus memorias se adorna a cada oportunidad con salidas providenciales a los
asuntos más escabrosos, dice haber calmado a los hermanos.54
A la semana siguiente el diputado Gonzalo N.
Santos subió a la tribuna de la comisión permanente y afirmó que no le
entregarían el poder a Almazán <<ni por las buenas ni por las
malas>>. Almazán se quejó ante Cárdenas a través de telegramas, que jamás
fueron contestados.
La elección de 1940 no iba a reunir precisamente <<tal suma
de garantías>> para que el sufragio fuese la <<expresión genuina de
la voluntad popular>>.
La popularidad
de Almazán era evidente, pero la flamante maquinaria del PRM no iba a perder
sus primeas elecciones. La CTM y el ejército con la diligencia de la
manipulación de las urnas. “Del campo”, escribe Luis González, “vino un millón
de votos hechos por unas diez mil personas (a favor del candidato oficial)”.
Cárdenas había prometido elecciones limpias y pacíficas. Fueron sucias y
sangrientas. El Colegio electoral tuvo la “desfachatez” de publicar estas
cifras: 15. 101 votos por Alamazán, 2.476.641 por Ávila
Camacho.55
Solamente la jornada
electoral dejó un saldo de al menos 30 muertos y ciento cincuenta heridos, la
cifra más aceptada.56 Así que Manuel Avila Camacho, con una ventaja
tan grande como dudosa, sería
presidente.
* * *
La movilización efectiva de las fuerzas maxiministas en sus enclaves de influencia en efecto contribuyeron al triunfo de Manuel Ávila Camacho. Tanto Gonzalo N. Santos como Maximino, que habían actuado como mancuerna a lo largo de la campaña, quedaron excluidos del gabinete el primero de diciembre de 1940.
Durante las
semanas en que se definió quiénes conformarían el nuevo gobierno, Maximino
todavía trabajó al lado de su hermano contactando y persuadiendo a personajes
de relieve para que se integraran al gobierno. Fue el caso de Francisco Xavier
Gaxiola, a quien Maximino le ofreció un puesto en la Suprema Corte de Justicia,
que en el desconcierto no supo si rechazar o aceptar. Días más tarde fue
requerido por el presidente electo, y finalmente figuró como secretario de
Economía.
En contra de la
imagen que ofrece Santos sobre el presidente Ávila Camacho, siempre temeroso de
las reacciones de hermano, Gaxiola describe una posición más desenfadada del
presidente con <<el joven Maximino>>:
Conversaba con soltura fumando sus puros habanos, y era afecto a hacer
bromas a su hermano, el impetuoso Maximino, a quien llamaba joven, no obstante
que era mayor que él.57
Pero cuando llegó la toma de posesión y
no apareció en la lista de príncipes del sistema, Maximino tronó. La mañana
siguiente Santos lo visitó en la Soledad. Lo encontró bebiendo whisky. No era
preciso preguntar para saber que atravesaba por uno de sus accesos de
rabia. Inmediatamente le soltó una larga
perorata:
—Este pendejo de Manuel ya nos
traicionó, se dejó dominar por Cárdenas (...), quiero que me formules un manifiesto en que como gobernador
constitucional del estado de Puebla voy a protestar por interferencias extrañas
al Poder Ejecutivo Federal y a excitar a los gobernadores para que me secunden
y voy a señalar concretamente por su nombre a Lázaro Cárdenas de ser el intruso
que ya le puso grillos al nuevo presidente para seguir mandando desde
Jiquilpan. Yo tengo el delito de ser hermano del presidente de la República, a
quien yo he formado, y fui general de división mucho antes que él, pero
cualquier otro que hubiera resultado electo presidente hubiera tenido la
obligación de tomar en cuenta los servicios prestados a la candidatura
(...). Que el licenciado Rojo Gómez haya
sido nombrado jefe del Departamento Central, creo que estuvo bien hecho, porque
se declaró por la candidatura de Manuel desde un principio y es gobernador de
Hidalgo, lo natural era su ascenso en política; que Wenceslao Labra haya sido
nombrado director de la Lotería Nacional también es más que justo porque como
gobernador del estado de México y partidario de los primeros, le correspondía
un puesto de más categoría; pero que un pendejo como Jesús de la Garza, que se
dice ingeniero y general, haya sido nombrado ministro de Comunicaciones y Obras
Públicas por órdenes de Cárdenas, es muy vergonzoso, ese puesto me corresponde
a mí y Manuel estaba enterado que esa era mi justa y merecida aspiración, y que
en lugar de nombrarte a ti (Santos) ministro
de Agricultura y Ganadería, que llevaste toda la campaña desde el principio
hasta el fin con tanto valor y tanto éxito, haya nombrado también por órdenes
de Cárdenas a Marte R. Gómez, quien no hizo nada, absolutamente nada en la
campaña...
Pero Santos no
lo dejó terminar:
—A mí no piques la cresta que
bastante chillado ando ya, vamos calmándonos los dos. (...) Olvida lo del
manifiesto, que perjudicarías mucho con él a don Manuel y nosotros también
saldríamos perjudicados, convertiríamos al presidente Ávila Camacho en un rey
de burlas y el aprovechado sería Lázaro Cárdenas (...).58
En adelante,
creció, y no cesó por el resto de sus días, la animadversión de Maximino contra
Cárdenas, el hombre que había hecho inmensamente poderosos a los hermanos Ávila
Camacho.
En su carácter
de <<ministro sin cartera>>, Santos informó de la ira que se iba
apoderando de Maximino, a lo que el presidente habría reaccionado compungido
solicitando al potosino no disgustarse con su hermano.
No, compadre, no pelearé con Maximino; nos cambiamos mentadas de madre
de vez en cuando, pero no son mentadas serias y tampoco dejaré que rompa con
usted, pero en el fondo tiene razón, él trabajó mucho por su candidatura, fue
el iniciador del bloque de gobernadores para apoyarlo a usted, y en Puebla, que
había muchos almazanistas, se les metió debajo de las chaparreras y dominó la
situación muy airosamente, Maximino sí merece el puesto a que con tanto derecho
aspira”. Don Manuel no me contestó nada.59
Concluyó su
gestión como gobernador en Puebla, en febrero de 1941, y nada presagiaba que
llegara al gabinete de su hermano. Ni siquiera el viaje oficial a Washington en
el que fue recibido por el gobierno de Estados Unidos con los honores de un
estadista logró amainar sus ánimos.
Después de
varias gestiones y berrinches de Maximino, Manuel Ávila Camacho cedió, y mandó
a Santos a decirle a su hermano que podía presentarse a tomar protesta como
secretario de Comunicaciones y Transportes. <<¡Se ha salvado el país y se
ha salvado Manuel!>>, saltó el general Maximino ante el anuncio. Se
dirigió con una caravana de automóviles desde Puebla hasta la calle de Tacuba,
en la ciudad de México, donde se ubicaba la sede de Comunicaciones, en un
edificio porfirista que más tarde ocuparía el Museo Nacional de Arte. Había
pasado ya más de un año de la administración de su hermano. Era el 28 de
septiembre de 1941, y Santos estuvo presente:
A las 12 del día de ese
lunes (...) se oyó un gran rugido afuera del edificio, (llegaba) al general de
división Maximino Ávila Camacho, (...) con una escolta de no menos de cincuenta
automóviles y otros tantos motociclistas. Él se bajó del vehículo y toda su
gran escolta hizo lo mismo. Apresuradamente entraron al patio él y unos cuantos
acompañantes, subieron a los elevadores; Maximino entró con un gallardo paso
militar al Ministerio. A su derecha lo acompañaba (...) Gonzalo Bautista; a su
izquierda, su secretaria, Trini; atrás de él, a tiro de trompada, sus dos
principales sayones: Pascualón, que además era su chofer, y El Chorreado, que
era teziutleco y terror de Vicente Lombardo Toledano. Ambos portaban en la mano
pavorosas ametralladoras Thompson con “queso” completo, es decir, con 100
balas 45 cada disco. Todos sus lansquenetes, jilgueros y escribanos subieron
por las escaleras. Maximino tomó posesión inmediatamente, ordenándoles a los
que desde ese momento serían sus colaboradores que ocuparan sus puestos, y
luego me dijo a mí: “Pelón Tenebroso,
ahora acompáñame a Palacio para rendir mi protesta ante el presidente de la
República”.60
En la
secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas vivió Maximino sus años dorados.
Viajaba en un soberbio Packard color crema. Se adueñó del islote de Caleta, en
Acapulco, y construyó un palacete encima, para sus frecuentes periodos de
descanso. En la ciudad de México compró, para su alojamiento, en el barrio de
San Jerónimo, la Quinta Ofelia, una ex hacienda a la que puso el nombre de una
de sus hijas y que adaptó con salones de recreo, oficinas privadas, frontón,
alberca, numerosas fuentes, y en donde albergaba aves exóticas.
El negocio de
las salas de cine con su socio Jenkins iba viento en popa. Y el negocio del
gobierno, más. Sólo para carreteras y servicios de electrificación, la
secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas ejerció, en 1944, un presupuesto
de 260 millones de pesos.61
Su despliegue
de poder lo hizo muy visible para sectores ajenos a la estructura de autoridad.
Cosechó un corrido:
Del estado de Guerrero/ en una isla tropical/
levanté una linda casa/ situada en medio del mar/ Ya soy dueño del Castillo/
del Palacio Nacional/ de grandes
negociaciones/ de todito en general.62
El teatro de
revista también puso sus ojos en el general. La compañía de Roberto “el Panzón”
Soto escenificó El Máximo Pachuco, y en 1943, El tenorio Pachuco, en el Teatro
Lírico. Uno de los personajes decía:
Dicen que tengo dinero/
aunque siempre lo he tenido/ Pero yo soy el primero que no lo tengo escondido/
ni lo manda al extranjero/ Cualquier negocio que valga/ desde un millón a un
comino/ no falta cualquier ladino que diga sin ton ni son: / ¡negocios de
Maximino!63
Una cuadrilla
de pistoleros golpeó al autor de los parlamentos causándole lesiones mortales.
Otro de sus despliegues de violencia recayó en el autor del atentado contra su
hermano, el presidente, en abril de 1944, Antonio de la Lama y Rojas, quien fue capturado sin consumar su
propósito, y murió fuera de la estación de policía. Presuntamente, los
pistoleros de Maximino lo habrían sustraído para ejecutarlo.
Pero las
energías de Maximino estaban puestas en la política más que en cualquier
distracción. Así que renació su esperanza de llegar a la presidencia, esta vez
como sucesor de su hermano. Para <<orientar a la opinión pública>>
financió la empresa periodística del general Jorge García Valseca.64
El Sol de Puebla, El Fronterizo de Ciudad Juárez, El Sol del
Centro, de Aguascalientes; y El Sol de Toluca, además del deportivo Esto,
fueron los primeros diarios de la cadena.65
Aceitó su
maquinaria y a sus amigos, pero cuando los tiempos sucesorios llegaron, todo
parecía inclinarse a favor de Miguel Alemán Valdés, secretario de Gobernación.
Ni Rojo Gómez, que era la segunda carta de Maximino, tuvo real oportunidad de
acceder a la preciada candidatura.
Santos dice
haber tenido la encomienda presidencial de apaciguar a Maximino, <<el
toro más difícil>>, quien odiaba a Alemán desde sus tiempos de Gobernador
pues alegaba que éste había pretendido tomar decisiones sobre asuntos de su
jurisdicción. De tal manera que cuando Santos le expuso la tendencia a favor de
Alemán al ministro de Comunicaciones y Obras Públicas, éste escenificó uno de
sus berrinches históricos. Acusó:
— ¡Tú
andas capitaneando la candidatura del bandolero Miguel Alemán...! (...) Tu
debes apoyarme a mí, tienes un gran ascendiente sobre Manuel y tu opinión va a
ser definitiva. (...) Todo eso que me estás diciendo es pura música celestial, Pelón Tenebroso, tú andas tramando
con todo empeño la candidatura del forajido Miguel Alemán…66
El mensajero
presidencial había fracasado en su primer intento, pero no había más
alternativa que insistir. Además la prioridad ya no era evitar que Maximino se
opusiera a Alemán, sino que no se lanzara por su cuenta. El presidente había
recomendado Santos para su próximo encuentro con Maximino: <<Convénzalo
usted de que él no debe aspirar a la presidencia de la República, porque es mi
hermano. Dórele usted muy bien la píldora, para que no se ofenda, y arránquele
la seguridad de que no se lanzará (...). Convénzalo, usted que tan estrecha
amistad tiene con él, y le habrá hecho una gran servicio al país, a la
Revolución, y a mí>>.67
Nuevamente,
Santos acordó una cita nocturna en la Quinta Ofelia. Hablaron toda la noche,
pero Maximino no cedió, antes apostó todas sus cartas:
Vamos pelándole al albur y
abajo caretas, yo te ofrezco la jefatura de mi campaña política y que ocupes en
mi gobierno, cuando yo sea presidente, el puesto que tú elijas.68
Pero Santos
suspendió la charla, justo cuando la luz del día iba ya iluminando los
interiores de la quinta, y los guacamayos que el dueño tenía en la finca
comenzaban con su parloteo del amanecer. Prometió volver a las cuatro de la
tarde.
Lo encontró, al
regresar, <<muy pálido y manifiestamente enfermo, hablando con
dificultad>>. Estaba en su faraónica, <<gigantesca alcoba>>,
rodeada de espejos, cubierta de finísimos tapetes, sobre la cama, entre
<<enormes cojines>>. Según el potosino, habría ocurrido el
siguiente diálogo:
—Cuando un
revolucionario cambia su silla de montar por tapetes persas está perdido —lo
saludó Santos.
—Ya no me estés
hablando en metáfora —replicó Maximino—, vamos al grano. ¿Vas a encabezar mi
campaña?
—No, por una
sencilla razón... Porque tú no vas a hacer ninguna campaña. Tus amigos, tus
verdaderos amigos, no te lo permitiremos. (...)
—Bueno, (...)
yo no soy ningún pendejo —repuso el
poblano—, tu firmeza me hace comprender que esto de Alemán es un cochupo hecho,
pero te voy a decir una cosa, vas a decirle a mi hermano Manuel, y sábetelo tú
también, que no voy a lanzar mi candidatura, pero el facineroso de Miguel
Alemán no llegará a la presidencia de la
República, porque yo le juro a Manuel por la leche que ambos mamamos de doña
Eufrocina, que tan luego lancen la candidatura oficial del forajido (...), yo,
personalmente (...), lo voy a dejar muerto a los pies de Manuel, y voy a dar un
sainetón mundial, lo sé (...), pero Miguel Alemán (...) no llegará a la presidencia
de la República, porque lo voy a matar>>.69
Después de
jurarse amistad hasta el fin de sus días, los dos caciques se despidieron.
Santos todavía le comentó: <<Ésta alcoba llena de espejos te está
matando>>, y corrió a la presidencia a contarle los resultados a Manuel
Ávila Camacho, quien dijo que tendría que disuadir a su hermano personalmente.
La última vez
que el potosino se encontró con Maximino fue en una comida en la casa que
acababa de construir éste en Polanco, donde reunió a toda la clase política
vigente que había prohijado en cuarenta años de carrera: Gonzalo Bautista,
Javier Rojo Gómez, Wenceslao Labra, Isidro Candia y muchos otros, donde el
general teziutleco reafirmó el juramento que le había hecho en privado a Santos
de impedir el ascenso de Alemán, pero la charla se fue por el rumbo de cuál
otro podría ser abanderado del partido si no lo era el veracruzano.
Y aunque todo
terminó en borrachera aquella tarde, Maximino sí dio algunos pasos para cumplir
su promesa. Documentos desclasificados del Departamento de Estado de los
Estados Unidos revelan que el general recibió la oferta de apoyo financiero por
parte de los agentes nazis en México Errol Flynn, actor hollywoodense,
traficante de armas y drogas en México, cercano a los Roosevelt, y del
suizo Axel Wenner Gren, socio de la ITT
y de Beofors, surtidora de municiones de Alemania, y gran amigo de Herman
Göering, para su eventual campaña política.70
Miguel
Henríquez Guzmán quien en efecto se lanzaría al margen de la voluntad oficial
en 1952 como candidato de la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM)
a la presidencia de la República, azuzado por Cárdenas, había hecho el mismo
intento desde 1945, oponiéndose a la
candidatura de Alemán con un Gran Frente Popular Democrático Mexicano, formado
en Guadalajara en septiembre de 1944, hasta que el presidente Manuel Ávila
Camacho lo convenció de que sería un error fatal para él. Según Jorge Henríquez
Guzmán, hermano de don Miguel, a principios de 1945, cuando el Gran Frente
contaban con el apoyo, al menos de palabra, de la mayoría de los jefes de las
zonas militares, estuvo a punto de concretarse una alianza que habría cambiado
la historia:
Ya estaba con nosotros hasta Maximino Ávila Camacho.
Yo me entrevisté con él en Guerrero, y ahí me ofreció su apoyo. No quería a
Alemán. Acordamos que iría conmigo a Guadalajara, para hablar con Miguel, pero
poco después murió.71
En
efecto, en una comida celebrada en Atlixco, Puebla, el 17 de febrero de 1945,
con amigos antialemanistas y abiertos partidarios, el general Maximino murió
sin haber probado bocado, aunque no faltaron los rumores de que sí había
degustado los alimentos, con los que supuestamente había sido envenenado. Otra
versión muy difundida, presuntamente contada al gobernador Mariano Piña Olaya por el doctor Gustavo Baz,
éste había encontrado al paciente con el corazón a punto de reventar 15 días
antes de la comida fatal como resultado de los estragos de una implacable
sífilis, por lo que habría muerto de un infarto masivo.
De cualquier forma
todo había concluido, la vida entera, y nada le había sido bastante al general
para conseguir la presidencia de México.
La fortuna del
general se calculaba entonces en 136 millones de pesos de los de aquellos años
entre acciones empresariales, ranchos, tierras ganaderas y agrícolas,
inmuebles, etcétera, mientras la viuda los reducía a 36. La herencia fue distribuida por su hermano
Manuel, el ex presidente, entre los catorce hijos que le fueron reconocidos, y
muchos años después, de tarde en tarde, aparecían rumores de romances ocultos e
hijos desconocidos. Más de medio siglo después, en 2005, cuando
se libraba una batalla electoral más por la gubernatura del estado de México, a
la candidata del PRD, llamada Yeidckol Polevnsky, le encontraron un árbol genealógico
oculto que le devolvió su nombre: Citlali Ibáñez Ávila, presunta nieta de los
amores de Maximino con Mercedes Amezcua.
La majestuosa Quinta Ofelia de San Jerónimo fue
vendida en el año de 1953 a la coleccionista de arte Dolores Olmedo, quien le
cambió el nombre designándola como “El Batán”, en alusión a un lugar
desparecido durante la Segunda Guerra Mundial en Filipinas. Con los años fue
convertido en parque público.
El islote de
Caleta y la casa de descanso, en Acapulco, fueron confiscados a la viuda del
general en 1949 por el gobierno del presidente Alemán.
Su eterno
enemigo, Vicente Lombardo Toledano, fundó en 1948 el Partido Popular, que después sería Partido Popular
Socialista, en el que construyó un cacicazgo más modesto, por el que fue diputado
todavía de 1964 a 1967, cuando gobernaba al país un distinguido maximinista,
Gustavo Díaz Ordaz. La hija de don Vicente, Marcela Lombardo Otero, fue
diputada dos veces por el partido fundado por su padre, el rijoso sindicalista
que murió en 1968.
En 1953,
retirado en el rancho de La Soledad, que había sido de su hermano, el ex
presidente Manuel Ávila Camacho declaró a la revista Siempre! que junto a
Narciso Bassols, Marte Gómez y Torres Bodet, Vicente Lombardo Toledano era uno
de los cuatro grandes talentos que México había dado en el siglo.72 Don
Manuel murió en su rancho de la Herradura, en el estado de México, dos años
después.
Juan Andrew
Almazán, que había salido de México tras su fracaso electoral en 1940, volvió al país en los cincuentas para establecerse en Acapulco, y no
volvió a la arena pública en toda su vida, que concluyó en 1965, dos años
después que la de su hermano Leónides.
La cepa
política que fundó Maximino al tomar el mando en del estado de Puebla en 1937
dio gobernadores por treinta años y llegó a la presidencia con Gustavo Díaz
Ordaz.
La cadena de
periódicos García Valseca fue conocida como los soles, y llegó a tener
37 diarios en las ciudades más importantes del país. En 1974 el gobierno de
Luis Echeverría compró la cadena y la revendió a un grupo empresarial que
encabezaba Mario Vázquez Raña. García Valseca murió en 1980.
William
Jenkins vivió disfrutando su fabulosa fortuna hasta los 85 años de edad. En
1954 había creado la fundación filantrópica con el nombre de Mary Street Jenkins,
en memoria de su esposa, organismo que presidió hasta su muerte, en 1963.
El
bellísimo Packard 1941 color crema, que el general Maximino usaba en sus
tiempos de ministro, fue adquirido por Eduardo Collignon Almada, quien a su vez
lo obsequió a su esposa Amparo Goribar en 1946. El vehículo reapareció flamante
en noviembre de 2005 en una exhibición de
autos clásicos en Guadalajara, como uno de los diez que quedaban en el mundo de
ese modelo.73
~ ~ ~
_________
1 Maximino Ávila Camacho, Archivo Mañana, 1941.
2 Taracena, Alfonso, La vida en México bajo Ávila Camacho, Jus, 1976,
pp.
3 Ibid.
4 Blumenkron, Daniel, General de División
Maximino Ávila Camacho. El hombre, el militar, el estadista, edición
particular, México, 1943, p. 63.
5 México en el tiempo N° 6, abril-mayo, 1995.
6 Santos, Gonzalo N., Memorias, Grijalbo, México, 1986, p. 681.
7 Blumenkron, op. Cit.
8 Krauze, Enrique, La presidencia imperial. Ascenso y caída del sistema
político mexicano 1940-1996, Tusquets, México, 1997, p. 40.
9 Hernández, Gustavo Abel y Rojas, Armando, Manuel Ávila Camacho.
Biografía de un revolucionario con historia, T.I., Gobierno del estado de
Puebla, México, 1986, p.31.
10 Krauze, ibid.; Lomelí Vanegas, Leonardo, Breve
historia de Puebla, FCE- Colmex, México, 2001, p. 364.
11 Ibid., p.41.
12 Ibidem.
13 Taracena, op. Cit., pp. 361-362.
14 Ibid.
15 Valencia Castrejón, Sergio, Poder regional y política nacional en
México. El gobierno de Maximino Ávila Camacho en Puebla (1937-1941), INHERM,
México, 1986, p. 21.
16 Santos, op. cit.,
p.841.
17 Romero, José Miguel, Breve Historia de Colima, FCE, 1995; Monografía
del municipio de Villa de Hidalgo, Jalisco, Enciclopedia de Municipios de
México.
18 López Robles, Raúl, Monografía de Juchipila, Zacatecas; Los diputados
de México, XXXIX Legislatura, Cámara de Diputados, México, 1988.
19 Valencia, op. cit. P. 23.
20 Breve Historia del Estado de Aguascalientes, Breves Historias de los
Estados de la República Mexicana, CD-V. I, ILCE- FCE, México, 2004.
21 Pérez Montfort, Ricardo, Tres prebostazgos en el México
posrevolucionario: Luis Napoleón Morones, Maximino Ávila Camacho y Gonzalo N.
Santos.
22 Fuentes Mares, José, Biografía de una nación. De Cortés a De la
Madrid, Océano, México, 1986, p. 271.
23 Maldonado, Ezequiel y Álvarez, Concepción, La criminalidad en el
México de los años treinta, Tiempo y Escritura N° 9, UAM- Azcapotzalco.
24 Valencia, op. cit., p. 24.
25 Ibidem.
26 Lomelí, op. cit., pp. 337-342,
348, 354.
27 Valencia, op. cit., p. 26
28 Lomelí, p. 358.
29 Valencia, ibid.
30 Ibid.
31 Valencia, op. cit., p.35.
32 Lomelí, op. cit., p. 360.
33 Ibid., op. cit., p. 328-329; Gómez Carpinteiro, Francisco Javier, La
reconstrucción de la comunidad moral. Campesinos, estado y reformas
neoliberales en el manejo del agua, Estudios Agrarios, Procuraduría Agraria, 2004; y Musacchio, Humberto, Diccionario Enciclopédico Milenios de México,
Raya en el Agua, México, 1999, T. II., p. 1478.
34 Valencia, op. cit., pp.44-45.
35 Ibid, pp. 50-51
36 Lomelí, op. cit., p.365.
37 Ibid., pp. 369.
38 Ibid. 367-368.
39 Valencia, op. cit., p. 77.
40 Ibid., pp. 80-90; Lomelí, op. cit., 366-362.
41 Musacchio, op. cit.
42 Valencia, op. cit., p. 79.
43 Santos, op. cit., p. 678.
44 Krauze, op. cit., p. 47.
45 Santos, op. cit. p. 828.
46 Ibid., p. 681.
47 El rito del brindis taurino, por Enrique Vázquez Legarreta en El Siglo
de Torreón, 24 de mayo de 2005.
48 Meneses Llaguno, Juan Manuel, Un hombre de su tiempo, Un hombre de
éste pueblo, Gobierno del estado de Hidalgo., p. 90.
49 Rendón Garcini, Ricardo, Breve Historia de Tlaxcala, Breves Historias
de los Estados de la República Mexicana, CD-V. I, ILCE- FCE, México, 2004.
50 Valencia, op. cit., p. 126.
51 Diario de los Debates de la H. Cámara de Diputados, México, 1° de
septiembre de 1937 y 1° de septiembre de 1938.
52 Santos, op. cit., pp. 646- 649.
53 Diario de los Debates de la H. Cámara de Diputados, México, 1° de
septiembre de 1939.
54 Santos, op. cit. , p. 682.
55 Krauze, Enrique, Biografía del Poder, Caudillos de la Revolución
Mexicana, Tusquetz, México, 1997, p. 483.
56 Rodríguez, Esteban David, Del monólogo del poder al soliloquio
foxista, inédito.
57 Gaxiola, Francisco Javier, Memorias, Porrúa, México, 1975, pp. 245,
254.
58 Santos, op. cit., p. 746
59 Ibid., p. 754.
60 Ibid., p. 755.
61 Cronología de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, página
electrónica oficial.
62 Corrido de los bandidos, canción popular.
63 Pérez, op. cit.
64 Lomelí, op, cit., 370.
65 Musacchio, Humberto, Historia Gráfica del Periodismo Mexicano, Gráfica,
Creatividad y Diseño, México, p. 48.
66 Santos, op. cit., p.82.
67 Ibid., p. 828.
68 Ibid., p. 831
69 Ibid., p. 833
70 El Tapado de los Nazis, en La Revista N°. 113, publicación de El
Universal, México, 24 de abril de 2006, nota de Juan Alberto Cedillo.
71 Estrada Correa, Francisco, Henriquismo. El arranque del cambio., Costa
– Amic Editores, México, 1988, p. 59.
72 ¡12 horas con Ávila Camacho!, en Siempre!, N° 1, México, 27 de junio
de 1953.
73
Nota sobre la Old classic car gala, en El
Informador de Guadalajara, México, 6 de noviembre de 2005.

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